Jardín de Lunas.
Adios.

Aparece de nuevo esa noción,

ese rumor que me dice que te necesito,

aparece en el té, en la cama, en una canción,

aparece en la fiebre, en la soledad y el mito.

Manifiéstate o mándame una pastilla de tus besos,

una inyección de tu sudor,

una Cobija con las fotos de tus recuerdos,

una canción de cuna en un poema de amor.

deja un instante tu realidad

porque te necesito en la mía.

Que tu ausencia para el que te tiene diario

será imperceptible,

pero tu presencia para quien te perdió

es ahora indispensable.

Martín Licona.

Edo, Mex. 28 de Agosto del 2010

Diciembre.

Hoy supe de tu vida que era mía,

hizo más frío que de costumbre.

Sé que los sueños que tenia contigo

les has puesto otra cara y otra voz,

sé también que vibran en distinto corazón

y yo aquí congelándome en diciembre,

viendo luces de colores que vibran

detrás de la ventana gris de mi alma.

 

¿Qué bendición cubrió tu pecho?

porque yo estoy caminando la bruma de la madrugada

y tú lejana e indiferente ante mis ojos, sonríes.

¿Das a caso el calor que le robaste a mi cuerpo?

 

No es que no sonría, porque río a carcajadas a veces.

Tampoco es que no disfrute, porque he gozado de compañías invaluables.

menos es que no viva, porque lloro y juego con la misma facilidad,

solo es que te extraño

y que a veces cada día por un segundo, no más,

quisiera que estuvieras conmigo.

 

Soy un pilar que el viento de tu ausencia desgrana

como si fuese pila de azúcar,

lento al paso del tiempo

grano a grano me desbarata,

sutil, delicada e interminablemente.

 

 Y es el presentimiento de que este extrañarte se haga eterno

lo que me deja en el diciembre

más frío,

más solitario

y más insoportable que haya vivido.

 

Martín Licona.

28 de diciembre del 2009. Edo, Mex.

De corazón.

Hoy he pecado de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa,  por mi grave culpa me he puesto a pensar en ti solo para entristecerme como un viejo que sabe que se va a morir. A veces creo que a la soledad no le ayuda el tiempo, no son buenos aliados, creo que ni se soportan. Con el correr de los minutos en mi contra y con esta costumbre flagelante de recordar lo que no se tiene, me he puesto mi abrigo para caminar rumbo a tu recuerdo.

Vaya que hay momentos gratos, aunque al ser recuerdos de lo perdido terminan por volverse ingratos y así las risas pasadas duelen y lo lagrimas que lloramos confortan la dura decisión. Fumar es una opción para la melancolía, son como una pareja de baile perfectamente acoplados tras un tango y la mañana lluviosa de esta temporada son para ello: Gardel y el Bandoleón.

¿Por qué no fuimos  nunca al cine en mañanas como estas?  Hubiera sido encantador sostener un paraguas y tu mano mientras caminamos por ahí, ver acaso media película entre tantos besos y encontrar caricias accidentas dentro de un bote de palomitas. Eso sin duda hubiese sido encantador.

Quizá nos faltó divertirnos más y amarnos menos, me hubiera gustado jugar contigo en la calle, reír y correr como niños durante el recreo. Pasamos mucho tiempo haciendo el amor y muy poco escuchándonos, puedo mencionar cuantos lunares hay en tu espalda y a que huele tu muslo pero nunca supe cual era tu mayor miedo, nunca supe que pensabas del dinero, del poder y del gobierno. Sin duda me perdí la oportunidad de conocerte más como ser humano  y termine por hastiarme de tu carne.

Hay mucho de ti que nunca entendí, quizá porque no supe como preguntarlo, somos tan diferentes, mis dudas siempre te supieron a ofensas y tus ofensas siempre me dejaron con dudas. Tu sociabilidad fue un problema en mí, me cuesta trabajo entender a la sociedad y mucho más a las personas que se vierten en ella como una coladera sin dejar nada para la intimidad, sin dejar un silencio o una cita para la soledad, pareciera que siempre buscan pertenecer, que su valor como humanos, o peor aún, su éxito depende solo de su popularidad. Eso es quizá lo que odiaba de ti. Sé que tú odiabas o terminaste odiando muchas manías mías, esos aires de poeta vagabundo que en un principio te atrajeron terminaron por ser más que una ponzoña para tu juvenil corazón.

Me hubiera gustado cenar contigo, pero no como esa ocasión en que las velas, las rosas y la comida solo sirvieron de marco para la escena erótica que terminamos montando sobre la mesa. “Cenar y estar” en el sentido más estricto de la palabra… “estar”.

La charla siempre ayuda, eso es algo que se le  olvida a la mayoría de los amantes, creemos a menudo que con caricias y con besos esta todo explicado, Si fuera tan fácil tú estarías aquí. Pero el amor es mucho más complejo,  es fácil acariciar, besar y penetrar. Lo más fácil del amor es amar, lo complicado es todo lo demás.

Ahora que no estás y me he puesto a pensar en ti, me doy cuenta de todo lo que me faltó hacer, de todo lo que me faltó reír, de todas las palabras que me trague, de todas la explicaciones que no te di, de todo lo me faltó escucharte decir, de todos los momentos que perdimos por el absurdo afán de “poseernos”.

Ya no habrá cenas, ni palomitas, ni paseos, ni jardines. Vaya que fuimos estúpidos, teníamos la gloria y se resbalo de nuestras manos, es gracioso, creo que nos amábamos tanto que terminamos ahogándonos. Ahora yo camino por una ciudad que tú no conoces y tú, por tu lado, engendrando vida lejos de mi vida.  El sueño que teníamos siguió para ti pero sin mí.

No es fácil dejar salir los sentimientos reprimidos, sin embargo me siento en la real necesidad de hacerlo y estas líneas no significan que mi vida este detenida desde tu partida, ambos hemos seguido caminando hacia nuestro barco. Es solo que me he dado cuenta demasiado tarde de mis errores. Yo estoy mejor sin ti y tú lo estas también sin mí, lo único que me lamento es no haberte amado como debí hacerlo aunque el resultado hubiese sido el mismo y de igual forma estuviéramos separados, me hubiera gustado amarte y no solo necesitarte.

Quizá nunca leas esto y si algún día lo haces cabe la posibilidad de que te rías, de que notes la ausencia de ritmo, la falta de métrica, la falta de rima. Aquí no hay orden ni sentido, aquí solo hay un corazón que habla y que hoy, de pronto, se dio cuenta de cuánto te extraña.

Martín Licona.

3 de marzo del 2008. Villahermosa, Tabasco.

Un hombre le canta a Silvetta.

I.

De neblina esta lleno el horizonte, de soledad mi alma esta repleta y bajas tú de la montaña como todas las mañanas, tras cada paso dejas migajas de tu belleza para recordar el camino a casa.

Silvetta ha de llamarte el que esta tras estas letras, pero el viento bien puede llamarte caricia, el mar te busca siempre como a la arena, el día gris y frío se abre ante tu brillo por eso podría llamarte sol.

Tú, ángel mío, puedes llamarte luna si así lo deseas, porque alumbras mis noches tristes con tu esperanza. Como quiera que quieras llamarte, no importa, para mi serás Silvetta, la más bella mujer de este planeta.

II.

El alba me despierta pensando en ti; luz de todas las mañanas, flor azucena, belleza pura que me encanta. Mis horas sólo son para pensarte, si tu imagen por un instante desaparece de inmediato me la devuelve cualquier fino detalle hacho por dios que a tu hermosura se asemeje; desde el azul puro del cielo hasta el canto del gorrión que en mi puerta se anido.

Pierdo por las ansias mi descanso, socavas mi aliento cuando pasas y le sonríes al viento, es necesario Silvetta que escuches mi canto, duermo cuando cae la madrugada y solo pienso en ti mi bien amada y la tarde, la hermosa y cálida tarde que pinta con naranjas la montaña sólo trae para mi la esperanza de verte venir, unas veces apareces y otras no, cuando apareces tan pura como siempre y te dignas a detener tu divinidad junto a mi haces de mi día un momento de cielo, pero cuando decides guardarte en tu intimidad y pasar en ella la noche constelada, conviertes en angustia mis horas y a mi poco sueño en pesadilla.

Por eso Silvetta es necesario que escuches mi canto, que sepas bien que en las faldas de esta montaña. hay alguien que muere por tu encanto.

III.

Las flores huelen a algo más que a tu perfume, caminamos por jardines de azucenas y volamos en el azul violeta de esta tarde que se muere. Tu mano suda junto a la mía, tu mirada se pierde arrugada en mi sonrisa,tu aliento, puro como las nubes que rasgan la montaña, se confunde y entrelaza con el mío.

Galopo entre el cielo si me besas, espero como un búho a la noche ese momento. El mar allá abajo, el cielo allá arriba y tú aquí, besándome, ¡Oh alma y luz de mi vida! ¡Silvetta mi amor! luna de mi cielo que hasta ayer era negro, ángel bello que mis días clareas, eco de risa que mi vida llenas con tu melodía.

¡Oh Silvetta mía! Hoy puedo gritarle al mundo que me amas, vuelve ya a la montaña, guarda tu belleza junto al cielo, duerme tranquila amor mío, que aquí te esperará el que vive de tu anhelo, el fiel guardián que por siempre te amara.

IV.

El alba nos despierta desnudos y un tenue rayo de luz abraza tu perfil, te arropo con las sabanas que ayer nos estorbaban y tu cara levanta un leve gesto sin despertarse. ¡Ah Silvetta mía! Mía con todas sus letras, mía por que ayer la luna fue testigo de nuestro amor, mía por que caminamos la noche sudados y sin dormir. ¡Mía Silvetta! Como yo de ti, como la montaña al pueblo, como la espuma al mar, como las azucenas a tu jardín, ¡mía Silvetta! sólo mía y nada más.

Tus ojos se abren lento, mientras yo sigo viendo tu cuerpo, sonríes opacando en un segundo a la mañana, me besas con el sabor del día, dejas tu belleza color bronce de nuevo desnuda, caminas con tus paisajes lenta, decidida, y de pronto este absurdo mundo se detiene y todo parece tener sentido.

Esa llanura de arena cubierta hasta la mitad por tu rizada cabellera negra, esas esponjadas lunas menguantes firmadas por dios con un lunar y esas piernas, largas y macizas, que corren como ríos hasta tocar el suelo, me hacen sentir de pronto afortunado porque serán mis manos y mis labios los que como peregrinos recorrerán tus mapas, porque seré yo con mis caricias el que reinvente tu geografía.

Tu figura desaparece en el umbral del baño, Se oye correr el agua de la regadera. Voy tras de ti mi bella Silvetta.

V.

Hemos perdido la luna mi amor, hemos perdido las mañanas abrazados despertando con el sol, mi amor, hemos perdido la costumbre de ver a la tarde morir entre la montaña, hemos perdido todo lo que éramos… ¿amor?

Acaso debe seguir llamándote así mi voz, se a perdido la magia que nos rodeaba en  nuestros paseos por la plaza, he perdido la forma de acariciarte ya mis manos recorren tu mundo como si fuera algunos de los muchos que con el tiempo he recorrido, he perdido la paciencia con la que frenaba tus arranques.

En tus ojos No veo más que ventanas negras, y tus labios se pierden el la memoria junto a los tantos comunes que besé, el color trigo de tu piel bien podría ser blanco como la perla o negro como la noche, ya no guarda un mágico encanto.

¿Silvetta?… ¿Silvetta?… ¿Debo seguir llamándote así? ¿O qué nombre tienes ahora que ya no eres la misma?, la misma muchacha tierna que bajaba de la montaña con la belleza besándole los pies. ¿Como debo llamarte ahora Silvetta? ¿Puedo llamarte mujerzuela? o simple mente no llamarte.

¿Donde has dejado a la mujer de quien me enamore? ¿Bajo que nube de algodón la escondiste? Porque ya no eres mi Silvetta, nos hemos perdido en el camino y creo que el amor entre nosotros ya no existe pero no puedo dejarte Silvetta, seguiré luchando hasta encontrar de nuevo la luz que me hizo enamorarme de ti. Seguiré luchando Silvetta para algún día, volver a llamarte, amor.

VI.

Desgarro la noche con mi llanto, el humo del cigarro que entre espirales se pierde trae a mis brazos un recuerdo. Silvetta, amor, te perdí pero no recuerdo cuando, no recuerdo si fue ayer, no sé si fue hace un mes ó un año ó hace apenas unas horas, no se siquiera si alguna vez te tuve. Te resbalaste de mi cuerpo como las tantas gotas de sudor que me arrancaba tu pasión, te me fuiste de entre las manos como la sombra de mi mas hermoso sueño.

Has dejado sólo una noche fría inundada en llanto, te has llevado mi luna entre tu falda. Silvetta mía, te llevaste mi vida cuando partiste serena y desapareciste entre la neblina. De un bocado Silvetta, de un bocado te jambaste mi existencia. Le quitaste el sentido a la montaña, le robaste el color a la azucena y dejaste mis labios calcinados acaso para que nadie pudiera besarlos.

La noche pasa y llega el día, con un sol tenue y temeroso que no trae ni una gota de esperanza. Aquí estoy yo amor, con el corazón helado, con las manos aburridas y con unos ojos que vomitan el hartazgo de esta soledad. Aquí estoy Silvetta, esperándote sentado en el marco de mi puerta, junto al gorrión muerto que alguna vez aquí se anidó.

VII.

Pasa el tren por encima de la noche como siempre levanta el polvo árido de esperanza. Seco y desolado se mira el paisaje, el verde que corría en este campo se ha ido como una noche de otoño al caer el día.

¿Donde estas Silvetta, porque ya no recorres los caminos de mi tierra? no digas que en tu olvido he muerto, no le mientas a esa estrella que a lo lejos nos vigila. Silvetta… mi Silvetta…

¿por qué no vienes a mi con tu risa y traes la primavera? estoy cansado de este crudo invierno rescátame pronto que en el olvido me pierdo. Silvetta, baja de la montaña con tu vestido de ninfa marina, trae contigo tu hermosura, devuélvele el verde a la llanura con tu andar de mujer divina, devuélveme la vida Silvetta mía. Silvetta, amor, vuelve, como quieras pero vuelve que de estar sin ti prefiero la muerte.

¿Qué no oyes como llora el firmamento? ¿Qué no ves como muere la azucena? ¿Qué no sientes a mi corazón suplicando por tu amor? El tren pasa por encima de la noche, levanta el polvo árido de la esperanza, se dibuja una silueta entre la neblina que camina hacia mi y mi tristeza… ¿será acaso la bella Silvetta?

VIII.

Oigo el chillar de las hojas que el otoño levanta y arrastra con sutil melancolía. Mis manos son viejas y arrugadas y mi cabello blanco, me mezo al sol del medio día con la mirada perdida en la montaña esa montaña que miro ahora desde lejos, años ya que abandone sus faldas, las mismas que me vieron nacer, crecer y enamorarme.

Desde aquí; mi nuevo hogar, miro su cumbre jugar con el sol, miro a la luna darle de beber de su hermosura y quisiera de nuevo abrazar su tierra, besar sus vientos y acariciar la pradera.

Las manos de un ángel caen reposando en mis hombros y coloca su mirada junto a la mía; allá, en el ayer, en la montaña, en el pueblo que se pinta a lo lejos,  en los tantos recuerdos.

El ángel va recorriéndome y se planta frente a mi, Ahí esta, con su mirada cálida y su belleza intacta a pesar de los años, con su rizada cabellera ahora pinta de blanco.

Me sonríe Silvetta, mi amor, Silvetta la madre de mis hijos, Silvetta la abuela de mis nietos, Silvetta la dueña de mi corazón. Aquí estamos; alejados de la montaña pero juntos en el alma, con las azucenas prendidas de nuestro olfato, con los paseos en la plaza prendidos de nuestros pasos, con mil noches de otoño haciéndonos el amor prendidas de cada beso descansado que ahora nos damos.

Silvetta mía, somos dos viejos que vivieron apasionadamente, que se amaron como nadie se ha amado jamás, que superaron las pruebas mas difíciles que el amor te pone, que hoy pueden mirar juntos el pasado, y sonreírse en el presente.

Gracias Silvetta, mi amor, porque despierto junto a ti todas las mañanas desde hace mas de treinta años y sigo sintiéndome el hombre mas afortunado, porque antes de dormir rezó siempre una oración a tu belleza y caigo en el sueño repitiéndote: Silvetta ángel y luz de mi vida, gracias, gracias por tanto amor.

Martín Licona.

Sta. Catarina, Guanajuato. 2007.

Diez versos cortos y viejos…

Dentro de mi pasado he seleccionado 10 versos cortos que muestran mi siempre dolorosa, pero necesaria, iniciación en el mundo de las letras. “…

Mi sueño.

Un eco muy Lejano, un eco muy Suave,

El fantasma de un eco.

Un suspiro muy Débil, un suspiro muy Intimo,

La sombra de un Suspiro.

Un sueño raro.

Mi Sueño: Tu corazón.

Antes de dormir.

Esta noche soñaré con una estrella fugaz pintando tu rostro,

una brisa ligera recorriendo tu cuerpo.

Soñaré con tu rosa que alimenta mi vida.

Soñaré, solo soñaré…

Siénteme.

Mírame con los ojos cerrados,

bésame sin usar tus labios,

siénteme sin que esté a tu lado,

ámame como yo te amo

hasta que llores como yo he llorado.

Buenos días.

Despierto con tu nombre arrullado en mis labios,

con tu recuerdo pegado a mi almohada,

tu silueta entre mis sabanas.

Buenos días luz y alma de mi vida,

buenos días castigo y agonía.

Como un loco.

Te amo como la noche ama a su luna,

como un niño ama su juguete,

como la belleza ama a tu cuerpo,

como el sol ama a su día.

Te amo como uno loco ama la razón.

¿Sabes?

Ya no encuentro a la luna tan atractiva como ayer,

ya no disfruto la lluvia en el café.

Tu recuerdo ocupa el pensamiento

y tu adiós mi corazón.

Juguete.

En el diván de mi soledad

encuentro el juguete de tus labios

con el que me entretengo en las noches de luna llena.

Interior.

Pobre de aquel que solo ama el cascarón,

porque no prueba el manjar de tu corazón,

ni el dulce vino de tu alma que embriaga sin razón.

Pobre de aquel que solo ama el exterior,

sin saber que en tu interior,

se encuentra la dicha de tu amor.

Cuando duermes.

Del crepúsculo vació emerge tu sonrisa

como estrella fugaz en medio de un noviembre frío.

Tus ojos bailan como destellos de luz en la oscuridad

y me miran con ternura tal, que parecen querer clarear mi sombra.

Ahora duermes y te miro entregada al silencio,

sin prisa y tranquila reposando tu belleza.

Yo me dedico a esculpir tu cuerpo con cincel de amor,

oigo tu respiración vagar por mis sabanas.

Te abrazo para cobijarme con tu cuerpo,

no pienso más,

me entrego a tu perfl y duermo junto a ti.

Nocturno.

Noche eterna que no dura lo que debería.

Tu dormida sollozando recuerdos y empalmando dolores,

yo solo vigilando tu descanso,

tratando de imaginar, si de tus sueños, yo soy el dueño,

pretendiendo capturar cada suspiro, cada respirar,

cada pensamiento de tu inconsciente con un tierno beso

y así acaricio las huellas de tus bellas lagrimas.

A lo lejos las estrellas,

retirándose cansadas y celosas,

celosas de tu brillo y tu hermosura.

Dos meses después.

Media luna a media luz, cielo roto como roto el corazón,

llanto amargo en recia soledad como lluvia fría tras el ventanal.

Tras las montañas un muerto amor esconde su putrefacción,

tras la ira escondo mi derrota,

bajo el atardecer un viejo sol que nos mira,

bajo mi cama tu prenda mas intima.

Entre las nubes tu silueta, escondido entre la lluvia tu sudor,

colgados en el árbol, entre las manzanas,

las vocales que soltabas cuando me dejabas tocarte.

Tirado en suelo, boca abajo, tu retrato quebrado en pedacitos,

víctima de mi dolor.

Martín Licona.

Edo, Mex. 2004

De eso de estar lejos de ti…

I.

Cuando el corazón se queda vagando

en los rincones donde tiramos migajones con los labios,

cuando mis manos sin tus manos se duermen

en el gesto y la caricia que se disuelve como estela,

cuando estás sin estar sabiendo que estoy sin que estés

me duermo colgado de la luna para intentar mirarte en la penumbra

y te encuentro, te encuentro siempre, destello, luz, amor.

II.

Aquí solo hay un andén vacio,

un tren que suena a despido.

Te dejo mi corazón allá donde está tu mirada,

te dejo un beso encendido en los labios

que te dure lo que dure mi distancia,

te dejo mi ser, mis ganas,

voy a conquistar victorias con el estandarte de tu nombre,

voy a regresar después a amarte

y en un cielo, en una gloria,

un día no me iré más,

algún día seremos eternidad…

Martín Licona.

Edo, Mex. Septiembre 2011- ???

Mensajes Ocultos.

I.

Germinan rayos,

luciérnagas distantes y necias,

terminan por amarrarse,

por morderse.

Mutan, chocan, mueren en ti,

contigo hilan silencios,

siluetas moribundas de olvido.

Amanecen tulipanes, temores,

mares y tinieblas

en limosnas de un corazón naranja.


II.

Germina en el alma y en el día

la necesidad de tenerte,

de quitarte el error y el olvido

para demandar tus manías, tus silencios, tus amores dormidos.

Martín Licona.

Edo, Mex. 18 de septiembre de 2011.

Como en el principio.

Carne blanca que robo mi alma,

Sonrisa arrugada y mirada vivas,

Caricia de viento que promueve la calma…

 

                                … amor utópico,

                                    amor de dos horas,

                                    amor cruel destinado a no nacer…

 

… rizos largos que muerden el cuello,

voz melancólica como el otoño,

grandes ,negros y enlucidos espejos…

 

                               … silencio de no tenerte,

                                   gritos de querer hacerlo,

                                   alaridos de llanto en la recamara sin ti…

 

… árida planicie con un templo al fondo,

lunas por todo el cuerpo

menguadas bajo tu espalda y crecientes bajo tu cuello…

 

                                              … herida noche oscura,

                                                  moribunda luna mutilada,

                                                  esperanza congelada en un sueño…

 

… hermosa mujer con gesto de niña,

suave pétalo de rosa con el rojo en los labios,

alma pura y bella con estandarte de princesa…

 

                                                           …lagrima de cristal que corta la andar,

                                                      sangre de atardecer que seca el horizonte,

                                                      sudor de volcán que estalla por no amar…

… grano de arena que nunca caerá,

brisa de otoño que pisa la flor,

mujer que no tendré aunque lo quiera…

 

                                                               … mi sombra no tiene eco.

                                                                   Solo de nuevo.

Martín Licona.

Edo. Mex. 2006


Cada quien su propia muerte.

Mujer no sabes aun lo que te necesito,
Siempre he caído en tu muerte, sepulcral y pura como el vacio,
Para mí el exceso de tu belleza
Ha sido un mundo sin fronteras de enigmas suaves.

Bajo las estrellas he guiado los recuerdos de mi vida
Hacia tu rostro, mujer.
Pero la distancia no se mide en las estrellas
Donde te respiro hoy y siempre.

Mujer, besa la tormenta de mis ojos cerrados
Una y otra vez,
Despiértame en el ruido de esta ciudad
Que tanto te extraña,
Llévame al recuerdo de los amantes frente al tiempo
Postergando a diario… cada quien su propia muerte.

Martín Licona.

Edo. Mex. 4 de octubre del 2009

Amante.


Nace el sol plata de tus ojos mar,
Brilla con su nieve tu cuerpo suave,
En el punto donde te alcanzo, amor,
Se estalla noctámbulo el deseo.

Vuelas ángel bañado de estrella
A la caja de un beso muerto,
Surcando el verso donde te alejo
Me pierdo dolido en el silencio.

Descansa unicornio de mi sueño
En el regazo de esta soledad,
Dormita escurrida entre mis brazos
Hasta el alba después de amarnos.

Ya no vuelvas al sol donde finges,
Prende siempre mis noches, si me amas.

Martín Licona.

Edo. Mex. Febrero 2006